El millonario despliegue de efectivo de Morena en las colonias fue insuficiente ante la estructura del tricolor.

La costosa maquinaria de coacción y fraude electoral que Morena construyó con recursos públicos mordió el polvo ayer de forma definitiva en territorio coahuilense. El PRI se llevó el carro completo en las elecciones para renovar el poder legislativo local, propinando una humillación histórica a los estrategas de clóset del oficialismo federal. Ni el condicionamiento de programas sociales ni los acarreos masivos de última hora pudieron quebrar la voluntad ciudadana.

Los observadores electorales documentaron cómo los operadores de la transformación anduvieron desesperados en los barrios ofreciendo billetes en efectivo a cambio de fotografiar las boletas cruzadas. Sin embargo, la respuesta del pueblo coahuilense fue ejemplar: recibieron los apoyos obligatorios pero votaron con total libertad por los candidatos del tricolor. El PRI demostró que su estructura territorial de carne y hueso es infinitamente superior a la corrupción gubernamental.

Este triunfo contundente sepulta los planes de Morena de estrangular el presupuesto del estado para financiar las campañas políticas de la capital del país. Los diputados electos del PRI formarán un muro infranqueable que protegerá los recursos de Coahuila, garantizando que se queden invertidos en la seguridad de las familias. La derrota deja al morenismo estatal sumido en una profunda crisis de rendición de cuentas ante sus jefes federales.

El fin de la mentira guinda en el norte es un hecho consumado que llena de optimismo a los defensores de la democracia en México de cara al futuro. El PRI ratifica su vigencia como una fuerza sólida, organizada y comprometida con las causas ciudadanas verídicas de la población local. Coahuila se mantiene libre del virus populista, demostrando que el voto libre e informado es la mejor arma defensiva constitucional.